ADAPTACIÓN AL CAMBIO Y ESTRÉS

 

 

Las modificaciones que se introduzcan en cualquiera, bien de los niveles de la Organización o bien de los integrantes de la misma pueden generar situaciones susceptibles de ser agente de estrés. Desde este punto de vista el estrés no sólo es factor distorsionante del comportamiento del individuo, sino también una llamada de atención de que en la Organización algo no marcha bien o no se está planteando adecuadamente.

 

La revolución industrial fue un cambio importante a nivel de organización de la sociedad, a nivel de filosofía de vida y a nivel de cambios y alteraciones de comportamientos. No menos histórica está siendo la revolución tecnológica que se está produciendo y que está repercutiendo en todas las Organizaciones, a nivel de recursos estructurales y humanos.

 

Asegurar y tutelar la salud física y mental de los trabajadores, es clave para lograr un desarrollo mantenido del Cambio derivado de la innovación tecnológica. Las exigencias de los nuevos empleos, la necesidad de integrar y procesar la información pueden introducir problemas psicológicos tales como el estrés.   

 

Según Hans Selye (1956) “estrés es la respuesta adaptativa del organismo ante diversos agentes”. El estrés viene a ser un fenómeno adaptativo del ser humano que va  en línea de  favorecer su supervivencia, de lograr un rendimiento en sus actividades y un desempeño en diversas áreas de la vida.

 

Podemos diferenciar los estresores o agentes estresantes y las respuestas de estrés, a las que van asociadas situaciones derivadas del estrés.

 

Siendo el estrés resultado de la interacción entre las demandas del medio y las características de las personas (Lazarus y Folkman, 1984), la respuesta al estrés suele ser una respuesta automática del individuo a cualquier cambio, mediante la que se prepara para hacer frente a las situaciones reales o imaginadas que se producen como consecuencia de esa misma situación (Labrador, 1992).

 

El estrés, por tanto, no es algo negativo, sino que puede ser el facilitador de los recursos que se necesitan para hacer frente a situaciones excepcionales.

 

Por ejemplo, percibiendo y procesando las demandas de la nueva situación de una manera más rápida y potente, posibilitando una mejor búsqueda de soluciones, seleccionando con agilidad un repertorio de comportamientos adecuados a esa situación excepcional.

 

A esta expresión del estrés algunos autores la denominan “eustrés” o estrés-positivo.

 

 

 

 

 

 

Como la situación adaptativa mencionada requiere la activación de un gran cantidad de recursos (fisiológicos, cognitivos, emocionales y conductuales), se da un gran desgaste del individuo.

 

La desproporción o el descontrol de ese desgaste puede generar “distrés”, que es la clase de estrés que nos proponemos abordar aquí. Es decir, situaciones o experiencias personales desagradables y con consecuencias negativas para la salud y el bienestar psicológico (Edwards y Cooper. 1988; Peiró, 1992; Selye, 1956).

 

Decimos que una persona está sometida a una situación de estrés cuando ha de hacer frente a demandas ambientales que sobrepasan sus recursos o eso cree ella, de tal manera que el sujeto percibe que no puede darles una respuesta efectiva.

 

 

Desencadenantes del estrés laboral.

 

Resulta imposible establecer una lista completa de los estresores. La condición de estresor depende de diversos factores. Por ejemplo, el tipo de apreciación que la persona hace de la situación, su vulnerabilidad personal o las estrategias de afrontamiento disponibles por cada uno son casi irrepetibles. Sin embargo, podemos identificar conjunto de estímulos que en el trabajo  producen tensión y otras consecuencias de desajuste en las personas.

 

En este sentido, tal y como señala Peiró (1992), se pueden distinguir los siguientes bloques de estresores laborales.

 

ü      Sobrecarga de trabajo, entendida tanto en términos cuantitativos (exceso de tareas), como cualitativos (exceso de demandas en relación con las competencias, conocimientos y habilidades del empleado). Por otra parte, la falta de trabajo puede resultar también estresante (Peiró. 1992).

 

ü      Exposición a riesgos y peligros o la percepción de los mismos. Puede producir altos niveles de ansiedad en el trabajador, repercutiendo en las conductas de seguridad, en el rendimiento y en e! bienestar psicológico (Peiró, 1992).

 

ü      Contenidos del trabajo. La falta de control y/o responsabilidad de un empleado sobre su trabajo produce una disminución de satisfacción laboral, así como otras consecuencias psicológicas (insomnio, depresión, ansiedad, etc.) y físicas (dolores de cabeza, agotamiento, molestias somáticas, etc.) negativas (Warr, 1987). No obstante, el excesivo control y responsabilidad, puede tener también  consecuencias negativas.

 

ü      Ausencia de "feedback" sobre los resultados del propio trabajo o la falta de identidad de la tarea (los trabajos excesivamente fragmentados o preparados para la producción en serie, que configuran unidades que no tienen sentido en sí mismas) son también fuentes de estrés (Peiró.1992).

 

ü      Desempeño de roles. La ambigüedad o el conflicto de roles, en que a veces queda el desempeño del empleados debido a la falta de definición el rol a desempeñar por información insuficiente sobre sus responsabilidades y competencias, por las expectativas que existen sobre su colaboración puede tener consecuencias negativas para el individuo. El conflicto de roles se manifiesta principalmente cuando el sujeto se encuentra entre dos grupos cuyas expectativas sobre su rol implican funciones contrapuestas. El caso más frecuente es el de los mandos intermedios. Las personas con este problema presentan consecuencias tanto físicas como psicológicas: ansiedad, depresión, síntomas neuróticos, fatiga, hipertensión, niveles elevados de colesterol, obesidad, alta incidencia de enfermedades coronarias, baja satisfacción laboral, excasa implicación en el trabajo y baja autoestima (Peiró, 1992).  

 

ü      Relaciones interpersonales, que quedan también perturbadas por la indefinición en que quedan las nuevas funciones.

 

ü      Desarrollo de carrera. Ante la certeza que existía en la situación previa de continuidad y posibilidades en la Organización, surge, por falta de tiempo y experiencia de la nueva situación una falta de definición de aquello a lo que debe atenerse el empleado en el futuro. La inseguridad en el puesto se ha instalado en las Organizaciones, favorecida precisamente por la realidad del Cambio y la necesidad de "Mejora contínua". En ocasiones se producen saltos promocionales excesivos, por encima del propio nivel de competencia. A veces, el Cambio lleva al subempleo. 

 

ü      Incertidumbre. La incertidumbre respecto a un determinado acontecimiento es una fuente clara de estrés. En general, cuanto mayor sea el grado de incertidumbre, más estresante será la situación (Lazarus y Folkman, I986).

 

La misma incorporación de nuevas tecnologías en el ámbito laboral supone importantes implicaciones para la satisfacción laboral. La forma en que se introduzca la tecnología marcará con frecuencia el valor estresante de la misma. Una introducción determinista con un enfoque positivista de la Organización en la que la tecnología marque los procedimientos, el ritmo y la estructura del trabajo producirá estrés y aumentará los impactos negativos sobre la salud, al reducir el control de la persona sobre su propio trabajo. En ocasiones la disminución de esfuerzo físico que aportan  las nuevas tecnologías aplicadas a la producción, se corresponde con el aumento de la tensión psicológica derivada del nivel de responsabilidad adquirido (Conde de la Torre y Vega, 2000).

 

Cabe subrayar el carácter psicosocial del estresor en circunstancias de Cambio suele ser frecuente. Los estímulos se convierten en estresores a través del significado que la persona les asigna (hacer el ridículo hablando en público, por ejemplo).

 

 

Características de la respuesta de estrés

 

El comportamiento y las diversas reacciones del ser humano está formado por tres sistemas de respuesta: conductas fisiológicas, conductas cognitivas y conductas motoras.

 

Conductas fisiológicas son las respuestas del organismo para regular el equilibrio interno (homeostasis) (por ejemplo, sudoración, cambios en el ritmo cardíaco, aumento del gasto de oxígeno, etc.).

 

Conductas cognitivas son los pensamientos, imágenes, decisiones o creencias que provoca la nueva situación (por ejemplo, suponer que los demás conocen mejor que nosotros las nuevas funciones).

 

Las conductas motoras hacen referencia a las actividades materiales que el organismo realiza para modificar el medio (por ejemplo, andar más deprisa) (Labrador, 1992).

En el siguiente cuadro, recogido de Fernández-Montalvo y Garrido (1999) se resumen las principales consecuencias ante respuestas que suelen darse en situaciones de estrés.

 

 

EFECTOS NEGATIVOS DE LA RESPUESTA DE ESTRÉS REITERADA SOBRE LOS TRES SISTEMAS DE RESPUESTA (Labrador, 1992)

Fisiológicos

Cognitivos

Motores

Aumento de la tasa cardiaca.

Aumento de la presión arterial.

Aumento tic la sudoración.

Aumento del ritmo respiratorio.

Aumento de la tensión muscular.

Aumento en los niveles de

adrenalina y noradrenalina.

Aumento del azúcar en la sangre.

Aumento del metabolismo basal.

Aumento del colesterol.

Aumento del nivel de corticoides.

Inhibición del sistema inmunológico.

Sensación de tener un nudo en la garganta.                       

Preocupaciones

Incapacidad para tomar

decisiones.

Sensación de confusión.

Incapacidad para concentrarse.

Dificultad para dirigir la atención.

Sentimiento de falta de control.

Estrechamiento de la atención.

Desorientación.

Olvidos frecuentes.

Bloqueos mentales.

Hipersensibilidad a la crítica.

Mal humor.

Habla rápida.

Voz entrecortada.

Imprecisión.

Precipitación.

Explosiones emocionales.

Consumo de drogas legales

(tabaco, alcohol, fármacos, etc.)

Comer en exceso.

Falta de apetito.

Conductas impulsivas.

Consumo de drogas ilegales.

Risas nerviosas.

 

 

 

Si la respuesta ante el estrés provoca una activación fisiológica muy frecuente, duradera o intensa, puede provocar que los órganos afectados se desgasten en exceso, sin que tengan tiempo para recuperarse del desgaste y como consecuencia, puede producirse el agotamiento de los recursos y la aparición de algún trastorno psicofisiológico.