| Nuevos datos sobre viejos tamborileros orduñeses |
| Xabier Eguiluz – Alexander Iribar |
En un trabajo anterior,1 repasamos la actividad txistulari de la ciudad de Orduña (Bizkaia) desde aproximadamente 1820, valiéndonos de la documentación municipal. Ahora disponemos de algunos pocos datos de más antigüedad que, si bien no aportan ninguna información esencial a la historia ya descrita, pueden resultar de cierto interés para los actuales txistularis.
Desde 1523, la ciudad de Orduña posee un pequeño enclave en pleno valle burgalés de Losa, a casi 30 km., conocido como la Cerca de Villaño. Esta pequeña extensión (apenas 400 metros de largo por 250 de largo), en la que originariamente se contaban seis casas,2 estaba delimitada por una serie de mojones. Desde antiguo, el ayuntamiento orduñés realizaba periodicamente el acto oficial del Apeo, es decir, se personaba en su enclave, con toda la pompa de rigor, para hacer acto de posesión y reconocimiento de los mojones; posteriormente, se publicaba el bando oficial correspondiente.3 El caso es que, en estas ocasiones, el Ayuntamiento iba acompañado, entre otros, del pregonero y del tamborilero.
La información más antigua de la que disponemos sobre esta cuestión data de septiembre de 1778. En un documento oficial, el escribano municipal explica los preparativos seguidos para un próximo acto de posesión en la Cerca, y cómo ha ido avisando a todas las personas involucradas.3 Así, entre otras (procuradores, justicia, síndico, carcelero, alcaide, etc.), podemos leer:4
| Yo el escribano pasé a la práctica de igual diligencia para con Joseph de Hechevarria Villavaso, maestro músico, dulzaynista y tamborilero, asalariado en esta ciudad y por haberse informado [que] se hallaba fuera de ella. Igual diligencia con Manuel de Hechavarria y Pinedo, su hijo, también músico, quien dijo asistiría. [...] Yo el escribano practiqué igual diligencia, y para los mismos efectos, con Vitores de Carnero, atavalero y pregonero propio en esta ciudad, quien dijo que asistiría con su Señoría. |
Más tarde, en el mismo documento vuelve a mencionarse a Manuel de Hechavarria como "oficial tamborilero" y en varias ocasiones al pregonero Vitores de Carnero, quien debía ejercitar su oficio "al son de caja de guerra".
En un documento similar correspondiente al apeo del año 1783, entre los convocados aparecen Joseph de Hechavarria (¿escrito esta vez Echevarria?) y Vitores Carnero como oficiales de tamboril y tambor (comprobar cita).
Ya en el siglo XIX, en un documento similar de 1818, los notificados son Manuel Echevarria, tamboritero, y Francisco García Polanco, oficial pregonero público, que debía anuncair públicamente el bando al son de caja de guerra.
Así pues, Manuel Hechaverria cumple la función de tamborilero municipal durante al menos 40 años (1778–1818), los primeros (al menos hasta 1783) probablemente como aprendiz de su propio padre, quien, presumiblemente, ocuparía el cargo desde varios años atrás. Lo que no queda claro es También podemos afirmar que Manuel Hechaverria fue sustituido por Pantaleón de Aguinaga, puesto que de éste se dice en un documento de 1862 que llevaba más de cuarenta años ejerciendo de tamborilero municipal.5
La documentación posterior sobre los Apeos judiciales en la Cerca de Villaño no tiene demasiado interés. En 1847 se citan a Pantaleón Aguinaga, tamborilero, y a Críspulo García, oficial de voz pública. En 1889 se realizó el Apeo, pero no se encuentra el acta de citación; no obstante, es de suponer que asistiría el hijo de Pantaleón de Aguinaga, Pantaleón de Aguinaga y Olabarría, Bihotza. En 1906 sólo se cita al pregonero Hilario Guinea, habitual acompañante de Bihotza, per no se menciona a éste, aunque es de suponer que acudiera.
El último Apeo o revisión oficial de mojones se realizó en 1950. En la citación no se menciona a ningún tamborilero, pero a los actuales txistularis orduñeses les consta que participó en el acto Epafrodito Landaluce Zarate, último tamborilero municipal de la ciudad de Orduña hasta 1959.
Juan de Beraguas, en 1685
Juan de Beraguas, residente al presente en esta dicha ciudad, le había propuesto de cómo se le diesen 300 reales de salario en cada dicho año así conformeTres años después de la información anterior, en 1688, aparece un documento curiosísimo que afirma expresamente que en la ciudad no había ningún tamborilero. Se ha de entender, a falta de más datos, que el mencionado Juan de Beraguas había dejado Orduña, o que incluso su estancia en la ciudad no había sido más que accidental. En cualquier caso, queda claro que, en 1688, Orduña carecía de tamborileros; entonces, ¿qué es lo que tiene de interesante el documento? Trataremos de aclararlo en las siguiente líneas, contando una historia recambolesca que sucedió hace 320 años:
Se trata de una pelea que podríamos denominar "política" entre el Cabildo eclesiástico y el Ayuntamiento de Orduña. Los primeros querían celebrar el aniversario del fallecimiento en Lima del general orduñés Juan de Urdanegui con una ceremonia idéntica a la que se hacía con motivo de la fiesta patronal de la Virgen de la Antigua (el famoso ochomayo), de modo que el Cabildo fuera en procesión solemne, acompañado por el Ayuntamiento, y con "caja de guerra", desde la parroquia de Santa María hasta el santuario de La Antigua para cantar las vísperas solemnes.
El Ayuntamiento se negó a esta petición, aduciendo que "no tiene que ver la Ciudad con los aniversarios particulares para asistir a ellos en forma de Ciudad, ni mandar para él la caja de guerra". Además, prohibieron expresamente al tambor oficial que saliese con la caja de guerra el dia en cuestión.
Parece ser que algunos miembros del Cabildo engañaron al tambor para que asistiera a la procesión, con la idea inicial de no tocar, pero durante el desarrollo de la misma le coaccionaron de tal modo que el pobre hombre no pudo negarse a la orden de toda una procesión eclesiástica y acabó tocando... ¡nada menos que a la puera del mismísimo señor Alcalde! El resultado de todo ese lío fue el que cabía esperar: el tambor dio con sus huesos en la cárcel.
¿Cómo respondió a esto el Cabildo? Por supuesto, el tambor siguió a la sombra, pero, al día siguiente, es decir, el 17 de agosto de 1688, "hizo traer el ttamboril [sic] de fuera de esta ciudad, porque en ella no lo hay, e hizo con él una procesión pública con los pendones de las Cofradías del Santísimo Sacramento y de Nuestra Señora del Rosario, cantando las letanías [...]".
Por la tarde de aquel día memorable sucedió, con el necesario concurso del tamborilero foráneo, lo nunca visto en la ciudad: siete sacerdotes del Cabildo salieron de la iglesia parroquial bailando en una soka "al son del tamboril", trabadas las manos y "quitados los manteos y rebocadas las lobas". El documento cita los nombres de los siete curas danzantes, y detalla quién guiaba la danza (aurreskulari) y quién llevaba la última mano (atzeskulari).
| Y en esta forma atravesaron [...] toda la plaza pública y algunas calles, danzando trabados de las manos, sin manteo y rebocadas las lobas, y prosiguieron la danza al son del tamborilero, siguiendo los muchachos y mucha gente por todas las calles públicas sin dejar ninguna, con un hacha encendida desde que anocheció, [...] y fueron al convento de San Francisco y de Santa Clara, que dista más de mil pasos de los muros de esta ciudad, con gran vocerío y diciendo "¡Viva el Cabildo1" [...], tirando los sombreros al aire repetidas veces y, por oprobio y menosprecio de esta ciudad, pasando por delante de las casas consistoriales y del dicho Sr. Alcalde. |
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| 1 | Xabier EGUILUZ – Alexander IRIBAR: "Historia del txistu en Orduña", Txistulari (1997), nº. 170, págs. 6-22. |
| 2 | Hoy en día, la zona es prácticamente desconocida para los propios orduñeses y sólo quedan en pie los restos de una casa. Sin embargo, tuvo bastante importancia en su día, sobre todo porque los nacidos en el enclave, como ciudadanos orduñeses, estaban exentos de realizar el servicio militar, en virtud del Fuero de Bizkaia. Eso hizo que muchas burgalesas acudieran a una de esas casas para dar a luz, de modo que la zona se conocía como "la maternidad de privilegio". La cosa cambió, como es sabido, con la supresión foral de 1876. |
| 3 | Según la RAE, "apear" tiene también el significado de "reconocer, señalar o deslindar una o varias fincas, y especialmente las que están sujetas a determinado censo, foro u otro derecho real". El documento jurídico que acredita dicho deslinde o demarcación se denomina, por tanto, "apeo". |
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| 4 | En una terminología más oficial, se trata de la citación oficial para asistir al "Apeo judicional de los límites de la Cerca de Villaño de la zona y dominio privativo que en el lugar de Villaño corresponde a la Ciudad de Orduña". |
| 5 | Hemos modernizado en todos los casos la redacción y las grafías, a excepción de los nombres propios y de las voces referidas a los músicos o a sus instrumentos. |
| 6 | Véase EGUILUZ-IRIBAR, op.cit., p. 6. |
| 7 | La loba era, según la RAE, el "manto o sotana de paño negro que con el capirote y bonete formaba el traje que fuera del colegio usaban los colegiales y otras personas autorizadas por su estado o ejercicio para el uso de esta vestidura". |
| 8 | El atabalero, como el tamborilero, tenía además otro oficio. No sería extraño que fuese precisamente zapatero, como Bihotza, su padre y tantos otros, según se verá. |
| 9 | Cf. Txistulari (1976) 87, 15. |
| 10 | No se sabe apenas nada de este txistulari, pero parece ser que era ingenuo en extremo; hoy en día, los orduñeses –y no sólo ellos– utilizan el dicho Eres más tonto que Jodra. |
En 1633 en Navarra otro sacerdote será juzgado por danzar "alson del tamboril" en Uztegi.
Si durante el XVI y hasta mediados del XVII las contrataciones de tamborines y tambores solían hacerse para actuaciones concretas y determinadas, a partir de entonces la prolongación de la duración de aquéllas comienzan a perfilar la figura del tamborilero funcionario o empleado público, y su acompañante, tambor.
Durante el XVIII, la actuación que nos ha llegado de la iglesia -de la jerarquía, al menos- con respecto a la danza es, precisamente, su prohibición (o al menos su necesidad de reglamentación y restricción). De hecho, durante esta centuria proliferan los bandos y las ordenanzas sobre la danza pública.
Será probablemente una mera coincidencia, pero es curioso que aparezca en Orduña el apellido Etxeberria, tradicionalemnte vinculado al origen gitano, y muy frecuente entre las nóminas de juglares navarros que tocaban en los sanfermines durante todo el siglo XVIII.
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