Cultura Vasca
Tema 5.13: El Txistu
El renacimiento cultural al margen del nacionalismo político


El nacionalismo político no es el único promotor del renacimiento cultural vasco.




El nacionalismo político no es el único promotor del renacimiento cultural vasco. De hecho, muchas de las figuras más importantes no militaron en el PNV

  • Arturo Campión, Julio de Urquijo, Telesforo de Aranzadi, Gregorio Mújica, Carmelo Echegaray, etc.
  • La revista Euskalerriaren Alde fue el mejor órgano de expresión de este movimiento
  • Todos compartían las mismas preocupaciones (étnicas, políticas, culturales)
  • La visión de la cultura tradicional vasca es también muy similar. Se resumen perfectamente en el cuento de El último tamborilero de Erraondo, de Arturo Campión (1917)

[...] la aculturación a la que estaba siendo sometida una buena parte de Vasconia, centrándose en el caso de una zona en la que ello era particularmente grave: la zona media de su Navarra natal. Para Campión, igual que para mucho de estos autores, Vasconia estaba perdiendo su personalidad cultural, y junto a ellas también la moral y la religiosa, hasta el punto de que los abuelos de los jóvenes de esta época no reconocerían, si hubieran pasado muchos años fuera de su patria, el lugar que dejaron (Sánchez Ekiza, 2000)

Ante esta confrontación (un tanto maniquea, una vez más) entre lo exótico moderno y lo vasco antiguo, en franco retroceso, hay que proteger y potenciar lo propio: autodefensa y voluntarismo

Este intervencionismo se traduce en multitud de certámenes y concursos.

Poco a poco, sin embargo, el impulso a lo popular va decayendo.

Así por ejemplo, en los Juegos Florales o Fiestas Euskaras

Una vez más, la cultura popular se admira y se toma como ejemplo, pero también se moldea para adaptarla a los gustos de la clase social que adopta este interés.

I Congreso de Eusko Ikaskuntza (Oñate, 1918)
Aurresku de las Fiestas Euskaras de Segura (1911)
De aurresku, Isaac López Mendizábal; de atzesku, Pedro Aguirre; en la cuerda de los diputados, señores Elorza y Conde del Sacro Romano Imperio, el secretario de al Diputación señor Zubeldia, el capitán de miqueletes señor Ibáñez; por EUSKALERRIAREN ALDE el presidente del Consejo Directivo don Arturo Campión y el Director don Gregorio de Mújica; por la Junta de Euskal-Esnalea don Juan Bautista Larreta y don José de Eizaguirre; y en representación de la villa y de los forasteros, los señores don Pedro Peciña, teniente Alcalde de Segura, Alfredo Bidegain, médico titular de la villa; Plácido Pagola, Sesé, Ramón Tellería, José Berasaluce, Angel Usain y Marcelino Aldanondo.
Los Sres. López Mendizábal y Aguirre bailaron muy bien.
En tiempo oportuno la cuerda, hasta entonces formada exclusivamente por elementos del sexo masculino, quedó embellecida porque a formar parte de ella entraron distinguidísimas, elegantes y bellas señoritas. Eduarda Bereciartua, hija del señor Alcalde, fue pareja de Isaac López Mendizábal, e Inés Peciña, hermana del teniente alcalde, la de Pedro Aguirre. Y como flores que esmaltaban la guirnalda humana que al son del txistu danzaba en la plaza, quedaron intercaladas en ella otras doce señoritas: Amparo Bidegain, Nieves Bereciartua, Pilar Peciña, Carmen Sánchez, Pepita Bonnehon, Aurora Orueta, Elvira Sandon, Anita Lardizábal, Concha Tellería, Evarista Madariaga, Nicasia Sagarminaga y Pepita Sagarminaga. Aún faltaban cuatro señoritas para completar la cuerda, y los señores Bidagain, Larreta, Peciña y Tellería se lanzaron por última vez a la conquista del elemento femenino. El público, siempre receloso, pensó que en la distribución de parejas habría reinado el pícaro egoísmo, y esperó ansioso la última aparición de los distribuidores, para ver cómo habrían podido arreglárselas para elegir parejas que sobrepujaran en belleza y distinción a las que esperaban en la cuerda. De pronto estalló una ovación, y en la plaza entraron Larreta, Peciña, Bidegain y Tellería, escoltando a cuatro limpias y clásicas neskatsas de nuestras montañas. Completa la cuerda, el baile siguió su curso y en todos momentos el público dio muestras de su complacencia.
Crónica de Euskalerriaren Alde (1911: 634)

Las cuatro Diputaciones provinciales

Con todo, esta labor de las instituciones oficiales, entidades culturales, concursos y estudiosos […] no parece que diera los mismos resultados que la de los animosos militantes del PNV y sus organizaciones afines, que tenían a su favor la potencia y espectacularidad del propio arte, danza y música que pretendían difundir (Sánchez Ekiza, 2000)

En Navarra, en un espacio de tiempo relativamente breve, el txistu pasa a ser considerado un símbolo nacionalista, y visto con inquina por un nuevo navarrismo político de reciente aparición.

Polémica sobre el txistu en Pamplona (1923)

El 15-06-1023, el Ayuntamiento de Pamplona propone la creación de dos plazas de chistu y tamboril (junto con otras dos de gaiteros).

  • Fortísima crítica del conservador Diario de Navarra (copiada en El pueblo Navarro) –el mismo que, 15 años antes, criticaba la gaita en las fiestas de Irurita– con referencias al cartel de fiestas
  • Contestaciones del diario nacionalista La Voz de Navarra, también de El pensamiento navarro
  • El 7 de julio, el Diario de Navarra publica dos caricaturas sobre el cartel, de dudoso gusto

Eso de llevar por delante en lugar de dulzaineros del país a esos melancólicos portavoces de los cadenciosos cantos vascos, que serán muy dulces y muy poéticos para quienes fían del porvenir de nuestra querida Navarra a media docena de irrintzis mal copiados o al uso de abarcas peales, pero que no representan ni pueden ostentar el título de música clásica típica de este Reino ni en armonía con el carácter navarro en general ni del pamplonés en particular.

¿Dónde se ha destapado ese tan gran empeño en querer “entronizar” en Pamplona, EL PUEBLO DE LA JOTA, según le llaman muchos admiradores de nuestros clásicos conciertos, esa música vasca que sonará muy bien, pero que no es la nuestra?

Ya no nos falta más que a los pamploneses de sangre navarra, sin injerencias separatistas o bizcaitarras, sino que ciertos elementos se propongan hacernos comer el fruto o pasto de ese árbol, que podrá ser el ídolo de Guernica y sus alrededores, pero que no debemos tolerar sea quien robe su puesto al león ornado de las cadenas de Navarra.
(Diario de Navarra y El Pueblo Navarro)

Pero –por mucho que hoy se siga negando– está fuera de duda que el txistu era el instrumento habitual en toda la Navarra Alta y Media a mediados del s. XIX, y que la llamada jota navarra era de adopción moderna.



volver al inicio
inicio
Alexander Iribar >> Cultura Vasca >> El Txistu
Comentarios: alex.iribar@deusto.es