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Domingo 9 febrero 1997 - Nº 282
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Cervantes, 1997: sombras, ciberespacio y dislates MIGUEL MORA
, Madrid
» De misterios y cervantas
¿Qué queda por saber de Miguel de Cervantes, personaje oscuro, novelista insigne, poeta frustrado, hombre de sombras y de luces del que a ciencia muy cierta se sabe que fue manco? Francisco Rico, académico y filólogo: «Nos falta conocer su cotidianidad, su extraña relación con las mujeres de su casa, las Cervantas, entender su carácter, capaz de comprenderlo todo, de respetar todo, incluso la locura de Don Quijote. Porque esa tolerancia aparente, mezclada con su vanidad, no parece compatible con su situación de hombre desplazado de su tiempo, como Antonio Machado ante la Generación del 27».
«Los documentos conocidos sobre su vida informan sólo parcialmente», dice Jean Cannavagio, hispanista francés, autor de la reveladora biografía Cervantes, «y apenas iluminan sobre los cambios. Se sabe que a los 20 años se va a Italia, pero no porqué. Está en Roma y se marcha a Lepanto, nadie sabe cómo. Trata de escaparse cuatro veces de Argel, y se salva las cuatro. Se ignora la razón. Vuelve a Madrid, se casa en Esquivias y a los tres años abandona el hogar y se va a Andalucía. No hay motivos aparentes, aunque se habla de rencillas con su mujer. Parece que lo encarcelan en Sevilla, donde 'engendra' el Quijote... ¿Pero qué quiere decir engendrar?»
Cuatro siglos y medio después, un saco de incógnitas. ¿Hay respuestas en la ficción? 'Fábulas mentirosas', las llama Cervantes. Pero algunas certezas contradictorias sustituyen poco a poco a la mitificación, dice su biógrafo: «Siempre anduvo metido en asuntos de dinero, aunque hablaba de su pobreza exagerada. Fue hombre de negocios, pero cuando suma comete errores. Se sabe que no logró el éxito esperado en los corrales, y que la aparición de Lope le llenó de amargura aunque su estilo no se correspondía con sus convicciones: aceptó su condición de segundón porque se proyectó más allá de su tiempo, tenía una conciencia muy fuerte de escritor, nada pegada al éxito: su ambición era más fuerte».
» De 'gays' y burdeles
«Cervantes suscita muchos entusiasmos, y eso ha dado pie a todo tipo de adhesiones esotéricas», dice Francisco Rico. Y aunque le duela a Francisco Ayala, Premio Cervantes, que cree que «de una figura así no se puede decir nada porque lo único que puede uno decir es una bobada y para qué hacer blablablá», por charlas no ha quedado. Por ejemplo, Fernando Arrabal, en su ensayo Un esclavo llamado Cervantes , trató de probar la homosexualidad del autor de Rinconete y Cortadillo. Al parecer, la que hizo saltar la liebre fue una hispanista italiana, Rosa Rossi. «Sí, se ha dicho que Cervantes se salvó de la tortura en Argel por un supuesto romance con el comandante de los Baños», comenta desde Cambridge el hispanista Anthony Close: «Igual que hay mucha gente dispuesta a jurar su ascendencia judía. Disparates. Aunque hay pasajes en sus obras teatrales en que escribe agudamente de las tentaciones a las que se ven sometidos los cautivos... ni se compromete ni se solidariza.»
Si bien, en cuanto a sus hermanas las Cervantas, Cannavagio cree que «es evidente que se dieron a galanteos y tratos ilícitos. Se dice que la casa de Valladolid fue un burdel, y hay actas notariales que prueban que tratan con amantes de modo comercial, matrimonios no cumplidos y pagados, lo cual no impide que luego acabaran convertidas en beatas... Nada de eso cambiaría el valor de la obra».
» De herencias y relecturas
Eso mismo, pero al revés, cree Ayala, que a sus 90 años dice haber leído el Quijote cuando tenía ocho: «Lo conozco casi mejor que mis propias obras, he escrito mucho sobre él, y cada vez que lo leo se convierte en otro libro. En eso consiste la vitalidad de la literatura».
A Javier Marías, el entusiasmo le llega por una doble vía: «Por el lado directo, me fascina el Quijote, las Novelas ejemplares, el Persiles... Por el indirecto, Cervantes me ha llegado a través de la novela inglesa del XVIII -Dickens y Tristram Shandy, sobre todo, tal vez la obra más cervantina después de Cervantes- y de los franceses. Ellos son los que mejor han guardado el linaje».
Y añade su puya: «La tradición novelística española está hecha en contra de Cervantes: tenerlo en nuestra propia lengua tal vez ha dificultado las cosas, porque él agotó la lengua para una larga temporada, pero es muy frecuente que los escritores españoles se reclamen cervantistas y yo no veo eso por ningún sitio. Tal vez se olvida que era un español muy pasado por el extranjero, que era un español poco español, mucho más intelectual que la media. Y más gracioso, claro. Por algo el Quijote se leyó mucho tiempo como un libro cómico -los niños se aburren, los mayores se divierten y los viejos lo entienden...-».
Juan Goytisolo también ha hablado de esa incumplida tradición. Fue en el artículo La herencia de Cervantes (EL PAÍS, 8 de enero de 1996): «El autor del Viaje del Parnaso , 'raro inventor', no consiente la descendencia prolífera.(...) Su gran lección es acceder a la literatura a partir de la anomalía, situarse deliberadamente al margen de modas, corrientes y géneros».
» De deudas y Cd-Roms
Curiosamente, esa anomalía se ha extendido al campo editorial. Después de 1.000 ediciones, entre traducciones y nuevos estudios críticos en español, el Quijote todavía está lleno de errores. Francisco Rico y un centenar más de especialistas trabajan ya en la versión CD-Rom para el Instituto Cervantes, que se publicará el 12 de octubre, y que, según el responsable del texto y las notas, cuenta «con las más modernas técnicas electrónicas de detección de grafía y erratas». El texto reproduce la tercera edición, publicada por Francisco de Robles en 1608, que se supone fue corregida por el propio Cervales: «En aquella época trabajaba mucho para su editor, hacía de negro escribiendo las dedicatorias, lo que hoy serían las solapas. A Robles, que tenía un garito de juego, Cervales siempre le debía dinero.
Según Rico, la edición resolverá las cuatro fuentes de errores que todavía padece uno de los bestsellers de la historia: «Uno, el borrador original de Cervantes; dos, la copia en limpio; tres, las páginas editadas, y cuatro, los disparatados estudios de muchos ignorantes».
La imagen de Alonso Quijano cabalga ya por las redes del último ingenio informático. Eduardo Urbina, catedrático en la Universidad de Texas A&M, dirige el ambicioso proyecto Cervantes 2001 , en el que colabora el Centro de estudios cervantinos de Alcalá de Henares, con tres objetivos fundamentales: «Elaborar la Cervantes International Bibliography online (Cibo) , que recoge ya todo el material disponible desde 1994 y es el germen de una base con todo lo publicado desde 1900 hasta ahora; editar las obras completas en versión electrónica, y desarrollar un archivo de imágenes para enseñanza».
La infodirección - http://www.csdl.tamu.edu/cervantes/abc/man-cibo.html - parece todo un síntoma -bien que bastante críptico- de la gloriosa entrada de la investigación cervantina en el siglo XXI, pero Jean Cannavagio cree que el camino se desvía por veredas menos rectas: «En Estados Unidos, Cervantes es el pasto de todo el que quiere darse a conocer. Producen avalanchas de libros y artículos. Muchos participan del deseo europeo de situarlo en la modernidad, pero mientras aquí se hace contextualizando la obra en el ambiente cultural de la época, allí se limitan a aplicar sus esquemas hasta el ofuscamiento».
Entre ellos, Anthony Close, autor de Una aproximación romántica al Quijote, señala «el deconstruccionismo, el lacanismo, el freudianismo, el feminismo, el neomarxismo o el foucaultismo. Son tesis basadas en el antihumanismo. Mientras la crítica europea tradicionalista se funda en la creencia de que Cervantes es inteligentemente responsable de su obra -según sugirió Américo Castro en El Pensamiento de Cervantes, estudio de 1925- ellos destacan la mentalidad inconsciente de la época». |
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