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2000 - Nº 1635

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Más de 80.000 personas responden a ETA en Vitoria que las armas no podrán callarles

Ibarretxe y Rajoy se manifestaron unidos tras los familiares de Máximo Casado

PEDRO GOROSPE, Vitoria
Decenas de miles de ciudadanos de Vitoria se unieron ayer al dolor de la familia del funcionario de prisiones Máximo Casado. Bajo la lluvia y en un silencio sólo roto por salvas de aplausos, la ciudad se echó a la calle para mostrar su solidaridad con una nueva familia destrozada por la estrategia del terror de ETA. El lehendakari, Juan José Ibarretxe, y el vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, caminaron juntos tras la viuda e hijos de la víctima y cientos de sindicalistas de CC OO. "La fuerza de los trabajadores es la unión, y seguiremos juntos tus ideas, Máximo", leyó un compañero.


Cabecera de la manifestación que
recorrió ayer las calles de Vitoria (S. Cirilo).
En Álava, una provincia gobernada por el PP, ha calado muy hondo la sensación de que toda la sociedad es objetivo de ETA, de su terror ciego e indiscriminado. La manifestación de solidaridad con la familia de Máximo Casado fue una muestra de esa sensación de macabra proximidad que provoca a su paso la banda terrorista. De esa sensación difícilmente transmisible de que todos y cada uno de los ciudadanos están siendo vigilados y en cierta manera son diana de la ruleta rusa de los terroristas.

Si el objetivo es difícil, asesinan a uno más fácil, al más débil. Eso es lo que entendieron ayer los alaveses que bajo la lluvia y el frío marcharon durante tres kilómetros por las calles de ciudad. Todos ellos aplaudieron cuando el alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso aseguró: "Las armas no podrán acallar el grito unánime de ETA, no".

Cuando la viuda del funcionario de prisiones Máximo Casado, con sus hijos, atravesó la columna de ciudadanos que esperaban el comienzo de la manifestación, miles de personas mostraron con aplausos, y en algunos casos con lágrimas en los ojos, su cercanía. Intentaron transmitir ese aliento que aunque no va a hacer más fácil el drama que se vive de puertas adentro del domicilio familiar, al menos es un recuerdo temporal y positivo para ayudarla a superar junto a sus hijos momentos tan duros.

La manifestación comenzó a las 20 horas, y los protagonistas fueron los familiares. Su viuda, Concepción Jaular, y sus hijos, Marino y Suleika, caminaron flanqueados por el secretario general de UGT, Cándido Méndez y por el secretario federal de Comisiones Obreras, José María Fidalgo. Tras ellos los políticos ocuparon el segundo plano. El lehendakari y el vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy aparcaron temporalmente la crispación y caminaron unidos, flanqueados por representantes de todos los partidos políticos democráticos y los ministros de Interior, Jaime Mayor Oreja, y de Trabajo, Juan Carlos Aparicio. Detrás, tras la pancarta Por la libertad. ETA no se concentraron más de 85.000 ciudadanos, en una contundente respuesta de una ciudad de poco más de 200.000.

En la marcha más grande tras la que se convocó en repulsa por los asesinatos del portavoz socialista Fernando Buesa y de su escolta, Jorge Díez, los vitorianos alternaron el silencio con los aplausos, y en ningún momento hubo incidentes. Tan sólo una persona, que fue acallada rápidamente, increpó al lehendakari un minuto antes de que comenzara la marcha. Media hora después de las ocho seguía saliendo gente de la plaza de la Virgen Blanca. A la convocatoria se unieron todos los colectivos pacifistas del País Vasco, que mostraron diferentes pancartas. Allí estuvieron Gesto por la Paz, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo, el Foro Ermua, el Foro el Salvador, el Movimiento contra la Intolerancia y la Plataforma ¡Basta Ya!

Todos ellos escucharon a un compañero de Máximo Casado leer un comunicado de CC OO en el que se comprometieron a seguir sus ideas, y a luchar por sus objetivos de libertad y democracia. El delegado de prisiones de la central sindical, Miguel Llorca leyó a los presentes: "Cuando tantas y tantas condenas se han oído, cabe la tentación de pensar que son inútiles, que no van a ser escuchadas. No vamos a caer en el desánimo. Las trabajadoras y los trabajadores no tenemos las cosas fáciles. Nuestra fuerza es la unión y la perseverancia. Seguiremos el camino que Máximo y tantos otros compañeros nos han ido señalando".

El alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, dijo junto a la familia Casado que los vecinos de Vitoria estaban "reunidos, para demostrar a ETA que existe un futuro sin ellos, porque este pueblo es amante de la libertad, trabajador, valiente, tolerante. Y todo esto estamos dispuestos a gritárselo a los terroristas de ETA cuantas veces sea necesario hasta que lo entiendan".

Gritos contra Arzalluz

En la parte final de la manifestación había otra pancarta Por la libertad, por la democracia, ETA no. Un cartel que portaban la madre del concejal del PP asesinado en Ermua, Miguel Ángel Blanco, el escultor Agustín Ibarrola, el socialista Ernesto Ladrón de Guevara, y la diputada de IU Enriqueta Benito.

Fue la parte más animada. Ellos representaban al Colectivo de Víctimas del terrorismo, al Foro Ermua, a la plataforma ¡Basta Ya! y al Movimiento contra la Intolerancia, y fue el grupo menos silencioso de la marcha. Sus integrantes gritaron algunos de los lemas más curiosos.

Junto a los ya tradicionales de ETA no, o No son vascos, son asesinos, los que iban a la cola de la manifestación arremetieron contra el presidente del PNV, Xabier Arzalluz. En varios momentos, y en medio de aplausos se pudo escuchar: Arzalluz macarra, acaba con Lizarra. Gritos que a pesar de su fuerza no se oían en la cabecera de la manifestación, ya que entre los primeros y los últimos había una separación de más de un kilómetro.

En este grupo había pequeños panfletos en los que se podía leer, ETA mata, HB colabora, y los ya tradicionales de Paz sí, ETA no. Todos secundaron con aplausos la lectura de los comunicados.

Un adiós con campanas y versos de Blas de Otero

MARIFÉ MORENO, León
Santa Elena de Jamuz despidió ayer a Máximo Casado, el funcionario de la cárcel de Nanclares de la Oca asesinado el domingo por ETA, que nació hace 44 años en este pequeño pueblo cercano a La Bañeza, al sur de la provincia de León.

Un centenar de vecinos y otros tantos llegados del resto de la comarca se concentraron a mediodía de ayer ante el Ayuntamiento, en la plaza de la Constitución, para rendir homenaje a la última víctima de la banda terrorista. Las campanas de la iglesia del pueblo, en el que se han decretado tres días de luto, y de otras ermitas cercanas, expresaron durante varios minutos el dolor de los habitantes de la zona, una comarca agrícola de la que muchos han emigrado, como hizo el propio Máximo Casado, en busca de mejores oportunidades.

A los cinco minutos de silencio, sólo roto en ocasiones por los sollozos de quienes vieron crecer en el pueblo al paisano asesinado el domingo, le siguió la lectura de un comunicado del ayuntamiento de Santa Elena y de las tres juntas vecinales del municipio en solidaridad con la familia de Máximo Casado y con todas las víctimas del terrorismo.

Después, Jorge Fernández, el joven primer teniente de alcalde del Ayuntamiento leyó, visiblemente emocionado, un verso del poeta vasco Blas de Otero y expresó los deseos de paz compartidos por la mayoría de los ciudadanos.

"Para qué"

Ángel Carrera, tío de Máximo, uno de los pocos familiares del funcionario asesinado que, debido a su avanzada edad, prefirió permanecer ayer en el pueblo sin trasladarse a Vitoria, reflexionaba en voz alta, entre lágrimas, sobre la sinrazón de esta y otras tantas muertes a manos de la banda terrorista ETA. "¡Para qué se esforzaron sus padres en darle unos estudios! Su afán por salir de aquí y trabajar fuera, para qué, para acabar muerto", repetía. "Él decía que quería llegar a las oposiciones. Trabajó en muchas cosas, pero él quería esto, y lo tuvo hasta que se le acabó, esto y la vida...".

Domingo Benavides, amigo y quinto de Máximo Casado recordaba la juventud de ambos: "Siempre estuvimos juntos, descubrimos la vida los dos a la vez, como se descubre en un pueblo, con los amigos... Vas creciendo y todo te sorprende. Así era él, inquieto, le gustaba el deporte y leer. Era un tío majo".

Al término de la concentración, muchos vecinos se dirigieron en autocar a Vitoria para acompañar a la familia de Máximo en el sepelio. El próximo sábado se celebrará a las 16,30 horas una nueva concentración en Santa Elena y una misa funeral por el funcionario asesinado en Vitoria.

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