índice

  1. Introducción
  2. La interjección
  3. Papel de la interjección
  4. Clasificaciones
  5. Algunas consideraciones morfosintácticas. La interjección: término único de relevancia expresiva y emocional
  6. La interjección como proceso de desemantización
  7. Interjecciones expandidas: enunciados independientes
  8. Enlaces de interés

LAS INTERJECCIONES

Introducción

Podemos decir que las interjecciones pertenecen a la coloquialidad de la lengua, es decir, al empleo común que hacen de un determinado sistema lingüístico los hablantes de unas determinada sociedad en sus actos cotidianos de comunicación.

La conversación o coloquio es una forma de interacción verbal puntual, determinada por tres características:

Estas características confieren al lenguaje coloquial su propia identidad y su relevancia como objeto de estudio.

Debemos tener en cuenta que en el proceso expresivo conversacional al que pertenecen las interjecciones, a los medios lingüísticos se unen simultáneamente factores psicológicos, sociales, situacionales y puramente físicos. Hay un lenguaje y un paralenguaje de la conversación.

En realidad, más que la pura transmisión de información, interesa la participación en la comunicación y la fluidez de ésta, a lo que contribuyen las interjecciones.

La unidad viene dada en el coloquio más por el mantenimiento de la tensión en la conexión interlocutiva que por el encadenamiento significativo o formal entre los diferentes enunciados o los diversos turnos de la palabra. Lo esencial es que se establezca la tensión y que se mantenga.

La realización lingüística tiene lugar desde una perspectiva rigurosamente actual. Se trata de situar en el presente, localizado y personal el proceso expresivo, por eso, en la conversación normal, la urgencia comunicativa raramente permite la reflexión, la conciencia. La que llamamos conversación normal es la más espontánea, si entendemos espontaneidad como irreflexión, y en ella toman parte las interjecciones, que le confieren ese carácter .

Podemos distinguir tres grandes principios que rigen el uso coloquial del lenguaje:

Estos tres principios de organización discursiva sobre una base común de espontaneidad y primacía de la comunicabilidad, nos permiten clasificar la interjección como fenómeno estilístico o gramatical que aparece en el coloquio, y que además es específica del lenguaje coloquial porque su función responde a estos tres principios.

La interjección

La interjección, que coincide con los adverbios y con las palabras de enlace en no estar sometida a ninguna concordancia, se distingue de ellos en no pertenecer al entramado de la oración: es un enunciado de término único, que destaca por su relevancia expresiva; tiene entonación independiente de la de esta y se separa con comas del resto de la frase: No esperaba esto, CARAMBA, pero puede establecer relaciones con otras unidades y formar con ellas enunciados más complejos. Además, es una palabra invariable, ya que no presenta flexión.

Hay interjecciones que -como la del ejemplo anterior- expresan sensaciones o emociones de la persona que habla; otras que actúan como llamada a la persona a quien se habla: ¡Eh!, venga usted para acá; y otras que tratan de dar una imagen viva de una acción: ¡Zas!,se cortó la luz.

Papel de la interjección

En todos los ejemplos anteriores vemos que la interjección, aunque no desempeña ningún papel en la oración, está agregada a ella y le añade sus contenidos expresivos. Pero en otros casos la interjección se presenta desempeñando ella misma, por sí sola, el papel de una oración que, por ser imposible diferenciar en ella un sujeto y un predicado, será una oración unimembre-: ¡ay!, ¡oh!. En otros casos, por último, es simple transcripción de un ruido cualquiera por medio de fonemas (tal como se ve, por ejemplo, en las historietas de los tebeos): ¡guau!, ¡crac!, ¡glub!

Algunas interjecciones, en casos muy poco frecuentes, pueden llevar un complemento, sin que por ello se integren en la oración: ¡Ah de la casa!. Pero cuando constituyen oración unimembre pueden contener igual que una oración normal- una proposición, como ocurre en ¡Ay de vosotros, como no cumpláis!

Clasificaciones

A continuación, reproducimos la clasificación que Manuel Seco hace de las interjecciones :

También podemos clasificar la interjección en dos tipos:

Algunas consideraciones morfosintácticas. La interjección: término único de relevancia expresiva y emocional.

Ana María Vigara Tauste considera que las interjecciones son el producto de una cierta tendencia espontánea (también insiste en este aspecto) a reducir la expresión a lo afectivamente imprescindible. En sentido estricto, lo afectivamente imprescindible en la expresión del dolor puede ser ¡ay!, o ¡Dios!, o ¡mierda!; todo lo demás es gesto, mímica, sentimiento personal. La sola entonación exclamativa hace innecesarias más palabras en casos así: basta con una, y casi podría servir una cualquiera de entre las que tienen connotaciones negativas. Sin embargo, en honor a la verdad, las interjecciones, que suelen aparecer exclusivamente en el plano de la interacción (prestando o señalando) , sintácticamente aisladas y con entonación exclamativa, raramente aparecen solas: constituyen casi siempre el umbral que da paso a la información explícita de la causa que ha provocado en el hablante su preferencia de tal interjección: ¡Mierda!... qué daño, qué daño me he hecho en este pie

Bien es verdad que basta la interjección para que podamos conocer con bastante precisión el estado anímico del hablante. Y aún más: a solas, sin interlocutor que le prestara atención, la misma persona se habría conformado con su ¡Mierda! incontenida y, a lo sumo, habría pensado sin voz todo lo demás. La relevancia expresiva de la interjección no radica tanto en que se trate de un enunciado de término único cuanto en su espontaneidad (incontenible), en su aislamiento sintáctico y, sobre todo, en la entonación que le caracteriza.

L. J. Cisneros cree que las formas exclamativas son las que, de preferencia, recogen con eficacia el rasgo sentimental; y es natural que cuando éste es el que buscamos poner de relieve se ocurra a la expresión exclamativa donde al propio tiempo que se respeta el aspecto de la comunicación de las ideas, se consolida y afianza el matiz emocional. En la lengua oral se aprecian estos matices mejor que en la lengua escrita, porque la entonación es elemento definitivo por el que encauza la expresión sentimental.

Las interjecciones propias (ah, ay, bah, caray, oh, huy) son, como es sabido, términos carentes de significado intelectual, sancionados por el uso, que se fijan, estereotipados, en la lengua. Almela argumenta que, las interjecciones, cumplen a su modo con todas las peculiaridades que se atribuyen al llamado discurso repetido o reproducido.

Constituyen, por ello, auténticos índices de la subjetividad del hablante. Se ha considerado, en general, que equivalen a oraciones (sentido completo, entonación independiente) y no a “partes de la oración, pues no cumplen en ella ninguna de las funciones descritas por las gramáticas. Como no tienen significado intelectual, especifican circunstancialmente su sentido por medio de la entonación (independiente, como de elemento aislado) y el contexto en el momento de la actualización comunicativa (sorpresa, ira, desencanto, pudor, alegría, tristeza, dolor, bienestar, enfado, disgusto, contrariedad): de ahí su frecuencia y su alta rentabilidad en la lengua espontánea.

La interjección como proceso de desemantización.

Las llamadas interjecciones impropias o secundarias son términos desemantizados (sustantivos, verbos, frases), que pueden proceder de cualquier esfera vital (preferentemente, de la sexual y la religiosa) . Aisladas también entonacionalmente, sirven como las anteriores para el momentáneo desahogo emocional (del más diverso signo) del hablante y especifican también circunstancialmente su sentido en el momento de la actualización. Aunque, quizá porque pueden identificarse inequívocamente como palabras con significado, parecen tener más especializadas sus limitaciones emotivo-semánticas: hostias, la hostia, Dios, rediós, Señor, la Virgen, demonios, coño, cojones, leche, y una leche, la leche, porras, mierda, madre mía, vaya, venga, ya, anda ya, joder, ahí va [pronunciado ahivá], y dale, no te fastidia, no te jode, será posible, encima Algunas como ¡hombre! y ¡mujer! conservan en el uso algo de su sentido original: el término femenino raramente aparece aplicado cuando el interlocutor es masculino (al contrario sí puede ocurrir con cierta frecuencia).

Interjecciones expandidas: enunciados independientes

Más allá del empleo aislado de las formas tradicionalmente consideradas interjecciones propias e impropias o de su empleo como refuerzo funcional o semántico (¡ah, pillo!), se pueden encontrar las que se llaman interjecciones expandidas: aquellas que constituyen oraciones interjectivas y originan, como término regente, dependencia en la cadena sintagmática en que aparecen (y que conforman):

¡Vamos con el niño!

¡Caray con tu amigo!

Más allá de la mera interjección (desemantización), cualquier término, independientemente de su función y en conexión con el contexto interlocutivo, se puede convertir en índice emotivo del hablante, aislado sintáctica y entonacionalmente (esta entonación emocional suele reproducirse en la lengua escrita con signos de exclamación, que sirven para señalarla, a pesar de que en la realidad sólo excepcionalmente coincide con la entonación propiamente exclamativa):

¡El arroz!

¡En casa! Pues vaya invento

¡A mi marido! En eso estoy yo pensando

¡Del instituto! ¡Encima! Por si faltaba algo

¡Hasta Santiago [andando]! Imagínate

¡Por fín!

Se trata, como puede verse, de secuencias unitarias que funcionan igual que las interjecciones, pero en las que, eliminando el contorno melódico que las unifica como enunciados sintomáticos, podríamos encontrar que cumplen una de las funciones oracionales si estuviesen insertas en una oración; es decir, actúan simultáneamente en el plano de la interacción (enunciación-enunciado) y en el nivel sintagmático del discurso.

En realidad, todos estos enunciados podrían ser considerados como el producto peculiar de la síntesis de dos tendencias sintácticas complementarias en la expresión espontánea de la subjetividad: la dislocación expresiva y la condensación. El hablante dice en primer lugar aquello que más le interesa, pero no lo expresa en su forma lógica completa, sino que lo reduce a sus términos mínimos y lo aísla sintácticamente, confiriéndole independencia de enunciado completo (desde el punto de vista de la comunicación) y un mayor relieve.

Ofelia Kovacci cree que oraciones como ¿Miedo yo? o ¡El timbre! no son elípticas, a pesar de no tener verbo, pues no precisan acudir a ningún contexto para precisar su sentido (contienen y permiten por sí mismas la información completa). Esto quiere decir que, al menos en lo que concierne a la lengua hablada, pródiga en este tipo de enunciados (pero también a la escrita, cree A. Mª. Vigara Tauste), debemos considerar como hace Kovacci- que existen en el sistema oraciones de predicado no verbal (en este caso, Sujeto-Predicado objeto).

Lope Blanch propone el nombre de frase para este tipo de enunciados sin relación predicativa y el genérico de cláusula para toda expresión (tenga la forma que tenga) con autonomía elocutiva, derivada de su plenitud conceptual.

Por lo demás, no debemos olvidar, como advierte Seco, que en las interjecciones, la expresión emocional tiende a ser pantalla de una intención enfática con la que se busca golpear la conciencia del tú.

Enlaces de interés

Página de la Real Academia Española
Página de Auladiez.com