ELEMENTOS DE LA NOVELA

El Siglo de las luces es, como toda gran novela, un mundo. El tiempo, lo real-maravilloso, lo épico-político, el destino de los hombres,... se funde en sus trescientas y pico páginas, con sus largos párrafos que en ciertas ocasiones llegan a ocupar dos o tres páginas, sin diálogos, todo metido en la masa de la narración, apretado y ajustado desde el principio hasta el fin de la novela.

Personajes, paisajes y acontecimientos históricos

Sofía permanece fiel a sus ideales y muere luchando en España contra los invasores franceses. Sin embargo, es una persona que siempre va a depender de los hombres.

Esteban es el único personaje que atraviesa casi toda la novela. Es el intelectual que se entusiasma con las ideas y que se desilusiona con la dureza de los hechos. Por ello, Sofía lo rechaza cuando vuelve a la casa habanera con una perspectiva diferente del mundo, mientras que Carlos y ella son fieles a sus ideales.

Víctor Hughes es la imagen del revolucionario mediocre, que se deja llevar por las circunstancias: deja Puerto Príncipe cuando incendian su comercio y se va a París, toma posesión de la Guadalupe inspirado en el Incorruptible y traiciona sus ideales para mantener una posesión privilegiada. En la novela es masón, antimasón, jacobino rebelde, preso, absuelto, agente de directorio, representante del Consulado, cualquier puesto era bueno con tal de mandar.

Sin embargo, los personajes quedan en segundo plano con respecto al paisaje, los objetos, los acontecimientos históricos,...La novela está construida como un gran escenario natural, donde las figuras tienen el mismo peso que el hombre, pero, incluso, a veces la escenografía llega a ahogar al hombre; por ejemplo, la muerte se manifiesta, no a través del dolor familiar, sino del luto. Alejo Carpentier es un escritor que revive grabados, polvo, ruinas, paisajes,... resucitando lo que ya había dejado a tras el tiempo.

La novela autentica de los paisajes elementales y acontecimientos históricos se abre en el capítulo en que Esteban y Víctor Hughes zarpan rumbo a París dejando a Sofía en la isla. A partir de ese momento el argumento deja a los personajes para describir las banderas e intrigas de la revolución francesa, las batallas en la isla de la Guadalupe y los paisajes naturales. No es hasta el regreso de Esteban a La Habana cuando la novela recupera a uno de los personajes más atractivos: Sofía. Esta ruptura, que en otra novela no se podría perdonar, forma parte del estilo propio de Carpentier.

Lo real maravilloso

La presencia de “lo maravilloso” es una constante en la obra de Carpentier y en El Siglo de las Luces está íntimamente vinculado con la idea del tiempo. Los personajes de Carpentier se mueven de lo cotidiano a lo extraordinario, el viaje es siempre un tránsito entre realidades, situaciones y niveles de conciencia diferentes; al pasar de un lado al otro, el personaje viaja entre dos épocas.

La constante presencia de motivos como el viaje, los relojes, las ruinas,... y las dicotomías del tipo naturaleza-cultura, europeo-americano, historia-mito,... nos autorizan a hacer una lectura paradigmática de los textos carpenterianos siempre que tengamos en cuenta que nos remiten a una realidad extra-lingüística que les da sentido. La noción de lo real-maravilloso sería incomprensible fuera del contexto histórico creado por el colonialismo.

Carpentier busca la síntesis en una realidad maravillosa de una cultura hecha de todas las culturas y por el folklore de pueblos que todavía no han agotado su mitología.

¿Novela histórica?

El siglo de las luces no es una novela histórica. Se ha hablado mucho de la autenticidad histórica de la novela, pero esto no tiene que ver con la literatura; lo importante es la autenticidad literaria y Carpentier lo ha logrado. En la novela cada cosa: personaje, hecho histórico,... ocupa el lugar que ha señalado Carpentier y sirve de trampolín para que el lector entre en le mundo del artista.

Símbolo de la guillotina (o Máquina)

Esta novela empieza con la evocación de la guillotina, esa terrible arma de la Revolución francesa. Vuelve a aparecer en el viaje a la isla de Guadalupe como representante de la abolición de la esclavitud y la Declaración de los Derechos Humanos, al igual que los colonizadores llevaban las cruces como símbolo de evangelización. La guillotina tendrá también una gran importancia durante toda la estancia en la Guadalupe, cuando la isla ya es de los franceses empieza el funcionamiento de la guillotina y empieza a forma parte de la vida de la ciudad.

La novela termina el Dos de Mayo, es decir, empieza con la guillotina y termina con el garrote vil, al fin y al cabo, dos procedimientos capitales que se han ido perfeccionando con el tiempo.

Víctor Hughes

Carpentier descubrió al personaje Víctor Hughes conversando con el dueño de un restaurante en Guadalupe, gran conocedor de la historia del país. La incompleta información reunida por Carpentier, a través de textos latinoamericanos en su mayor aprte, lo hicieron un personaje histórico perfecto para la novela, porque le permitió imaginarse los giros convenientes para su obra en aquellas zonas desconocidas de la vida de Víctor Hughes.

Lo maravilloso es que después de publicado el libro recibió la visita de Saint Quintín, descendiente directo de Víctor Hughes, quien le facilitó algunos documentos de la familia hasta entonces desconocidos. Varias veces comentó Carpentier de su asombro al saber que como el mismo había comentado en El Siglo de las luces, Hughes había sido agente activo de la masonería en La Habana, pero algo mucho más sorprendente que se enamoro de una cubana, cuyo nombre era Sofía.