Crítica de su obra

Desde su primer libro, brotando del contraste rudo entre el perdido <> y la faz severa del <<áspero mundo>> de la edad adulta, la poesía de Ángel González discurre firme y resignada por las sendas de lo efímero que se querría eterno, y, así, es la fiel a la eternidad inventada del amor y de la convivencia solidaria. Véase esto en el poema Ya nada ahora por ejemplo. En un mundo que aparece desolado, en una realidad que es perecedera, con un tiempo que corroe sin cesar toda la ilusión, es meritorio que sólo el amor establezca oasis de felicidad válida y verdadera, situados fuera del decurso voraz de los días.

Autoidentificado en el colectivo de poetas "del medio siglo", González reconoció "temas vitales" en la factura de la poesía publicada a partir de aquellas fechas: el fin de la guerra civil española y el auge del franquismo.





Aunque las generaciones no estén formadas por seres clónicos. No somos ovejas Dolly. Cada uno tiene su voz y sus preocupaciones. Sin embargo tenemos actitudes básicas que compartimos; una de ellas la actitud irónica que nos viene de haber vivido experiencias muy duras y que nos sirvió para defendernos de los tremendos problemas que enfrentamos en los años formativos.

Algo que fue una manera de burlar la censura fue la ironía, que permite decir las cosas sin decirlas. Muchas veces la mentalidad de los censores no estaba a la altura mental que exige la lectura de un texto irónico, el que hay que descifrar. Esto nos permitió decir algunas cosas que no las pudiéramos haber podido nombrar directamente





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