Esta entrevista te ayudará a conocer más lo que se fragua en su mundo



La ironía poética del español Ángel González sigue viva. Permanece, cuatro décadas después de publicados volúmenes como Áspero mundo y Sin esperanza, con convencimiento, con los mismos tonos de "ironía humorística y sin eludir palabras y situaciones generalmente consideradas como prosaicas: una especie de antipoesía".

De visita en nuestro país, sitio al que arribó a principios de la década de los 70 tras su salida de la España franquista, González dijo en rueda de prensa que eso que se conoce como antipoesía en lengua castellana va de Ramón de Campoamor a Nicanor Parra.







En mi caso las obsesiones continúan siendo las de siempre: el paso del tiempo..., tema que se va agravando justamente con su paso. La poesía se va haciendo más elegíaca, tomando tonos más patéticos. Cuando el tiempo pasa mucho se vuelve una pesadez: no sólo pasa sino que pesa. Pesa el pasado. Sobre todo porque el presente se adelgaza; faltan cosas y personas. Se echa de menos a muchos. El paso del tiempo es en realidad una lata. Y cuando ha pasado mucho tiempo no es agradable. Aunque la muerte misma no me produzca más angustia de la normal. Me produce mucha más angustia la muerte de otras cosas. Esas muertes que nos dejan solos en vida.









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