El Islam, el Cristianismo y el Judaísmo vistas desde fuera parecen ser religiones patriarcales. Pero aquellos que se sumerjan en sus historias descubrirán que, en realidad, deberían ser consideradas matriarcales. En el Judaísmo la madre es la base, los cimientos. Es ella quien da a su descendencia su religión. Cuando era un bebé, la madre de Moises le entregó al río Nilo para protegerle de la tiranía del Faraón. Y fue ella también quien le rescató del mismo río para amamantarle, para educarle, para hacer de él el profeta Moises, que guió a los niños de Israel hacia la tierra prometida. Lo mismo para el Cristianismo, en el que fue la madre de Cristo, María, quien le amamantó, le educó e hizo de él un profeta. Y también el profeta Mahoma. Su madre, Amna, supo cuando todavía él estaba en su vientre, que llevaba dentro al profeta de (la gente Quraysh). Después de que muriera, cuando él era un bebé, encontró una segunda madre en su esposa.