FAMILIAS Y EVOLUCIÓN DE LA MINIATURA MOZÁRABE

          Con los conocimientos que se tienen actualmente sobre la composición de los comentarios al Apocalipsis, la mayoría de los autores admite la existencia de varias redacciones o ediciones de la obra de Beato, frente a Neuss y otros estudiosos, que habían propuesto un arquetipo único, del cual el mejor representante sería, a su juicio, el Beato de Saint-Sever, del s. XI. Según Sanders, los Comentarios han sido redactados tres veces en vida de Beato, la primera en el año 776 (Beatos de la Biblioteca Nacional de Madrid y de Saint Sever), la segunda en 784 (Beatos de El Escorial, Osma y Lorvao) y la tercera, en el año 786 (Beato de la Pierpont Morgan Library de Nueva York), pero aún añade una cuarta posterior a su muerte que se reflejaría en códices como el Beato de Gerona. A pesar de la divergencia de sus reconstrucciones de la genealogía de los Beatos, Neuss y Sanders clasificaron los manuscritos en los mismos tres grupos, las familias I, IIa y IIb de Neuss. Klein ha admitido más recientemente estas cuatro redacciones y las fechas de las dos primeras, pero ha postergado la fecha de la tercera hasta después de la muerte de Beato: es decir, que según este autor, la familia I representa las dos ediciones textuales hechas en vida de Beato (776 y 784) mientras que la familia IIa refleja una larga recensión textual del s. X, de la cual se nos da una versión revisada en la familia IIb.  

                                                                       

          Los Comentarios al Apocalipsis, siguiendo al profesor M.C. Díaz y Díaz, se componen de las siguientes piezas: 1) un prólogo general en el que se describen las intenciones del autor, se ofrece el método de exposición que se seguirá y una larga relación de los principales escritores cuyas obras se utilizan; 2) la interpretación, llamada también prefacio, que es una especie de resumen previo del Comentario; 3) El comentario propiamente dicho distribuido en 12 libros, de igual extensión, siendo más ricos los seis primeros: constituye el núcleo mismo de los manuscritos, y en él se adopta generalmente el sistema de presentar primero el texto bíblico apocalíptico (storia), seguido de su correspondiente explicación (explanatio), donde se insertan las diversas interpretaciones de escritores anteriores relativas a un versículo o parte de él (se intercalan dos excursos: uno es un amplio prólogo al Libro II, De Ecclesia et Synagoga), y el otro, el capítulo sobre el Anticristo extraído de la Ciudad de Dios de San Agustín que suele figurar generalmente en el Libro VI, y además todos los manuscritos presentan al final del Libro II el tratado de Gregorio de Elvira sobre el arca de Noé); 4) el Comentario de San Jerónimo al profeta Daniel, la más importante de las obras que se acumulan a los Comentarios al Apocalipsis, si bien no lo incorporan todos los códices; 5) entre ambos comentarios 3 y 4 algunos manuscritos presentan el texto 5, De adfinitatibus et gradibus (De las afinidades y grados de parentesco), derivado de las Etimologías de San Isidoro de Sevilla; 6) algunas breves definiciones de códices, libro, volumen, folios y páginas que figuran a continuación de los comentarios y que se derivan igualmente de las Etimologías; y 7) las tablas genealógicas de personajes bíblicos propias de los manuscritos de la Biblia, de donde han pasado a los Beatos, que aparecen al comienzo de algunos códices.  

                                                     

          Lo que ha dado verdadera fama a los Beatos es su rica ilustración. De los 34 códices y fragmentos que conservamos entre los ss. IX al XIII, 24 tienen miniaturas. Éstas ilustran fundamentalmente el comentario extenso y el Comentario de Daniel. En el primero las miniaturas se sitúan generalmente entre el texto bíblico apocalíptico (storia) y el comienzo del comentario (explanatio), respondiendo su iconografía, en su gran mayoría, al contenido del texto escriturístico. Algunas como las correspondientes a la palmera, la zorra, el gallo, etc. se explican por el comentario y otros textos intercalados, lo cual también le sucede a la imagen del arca de Noé que ilustra al correspondiente tratado de Gregorio de Elvira. Es excepcional la representación del Bautismo de Cristo, y hay que notificar que algunos manuscritos integran además algunas ilustraciones preliminares como son la Dedicatoria, la Cruz de Oviedo, los Cuatro Evangelistas, varias escenas de la vida de Jesús, el pájaro y la serpiente, etc. Llama la atención el gran número de miniaturas que ilustran el texto bíblico apocalíptico si tenemos en cuenta que los Apocalipsis hispanos de la época carecen de ilustraciones, lo mismo que las Biblias coetáneas cuyos Apocalipsis se nos presentan también desprovistos de figuraciones. Incluso si se toman como ejemplo las Biblias más ricamente ilustradas de nuestra Alta Edad Media (excluyendo las catalanas) como son la Biblia de Florencio y Sancho del año 960 o la Biblia Leonesa de 1.162 se observa que frente al gran número de miniaturas que presentan los textos del Antiguo Testamento contrasta la escasez de las mismas en los Libros del Nuevo Testamento y la ausencia de ilustraciones, en concreto, en el Apocalipsis. Los Comentarios de Beato se nos presentan de este modo con la novedad de su ilustración apocalíptica, lo que lleva a plantear el siguiente problema: ¿fue concebida esta ilustración por Beato? Ésta es una cuestión difícil de resolver, ya que no se ha conservado ningún manuscrito contemporáneo de este autor. No obstante, es opinión generalizada entre los estudiosos que Beato concibió su obra para ser ilustrada.  

                                                                   

          Ahora bien, ¿qué forma tuvo el arquetipo pictórico de los Beatos, cuáles son los arquetipos que mejor reflejan este prototipo y cuáles remiten ya a versiones posteriores? Los estudios de P. Klein han renovado profundamente las teorías de Neuss y Sanders, quienes clasificaron los manuscritos en los tres mismos grupos (las familias I, IIa y IIb de Neuss), haciendo un paralelismo entre la tradición textual y la tradición pictórica. Klein, partiendo del principio establecido por Weitzmann de la necesidad de investigar por separado la tradición textual y la tradición pictórica de los códices ilustrados, ha llegado a la conclusión de que ambas no se superponen exactamente. Por ejemplo, no son coincidentes las tradiciones textual y pictórica del Beato de Saint-Sever. Es posible distinguir las versiones ilustradas más antiguas de las más recientes a través de ciertos elementos pictóricos que fueron introducidos en fases más tardías al desarrollo de los caracteres propios de la familia I. Un ejemplo ilustrativo se puede observar en la miniatura de la retención de los Cuatro Vientos. Los cuatro ángeles frenando los cuatro vientos ilustran el paisaje del Apocalipsis VII, 1-3; la storia incluye además la visión del Ángel procedente del Sol, pero esta imagen parece ser que no figuró en la versión más antigua de la tradición pictórica I, introduciéndose más tardíamente. Así parece reflejarlo el Beato de Lorvao, en el que esta figura está ausente. En cambio, en el Beato de Burgo de Osma ya se ha añadido el Ángel del Sol colocándose encima de la miniatura y encuadrado separadamente. La ilustración de esta rama I muestra una forma esquemática y conceptual: los cuatro ángeles situados en los ángulos mantienen las personificaciones de los cuatro vientos y en el centro se ha situado la tierra sugerida por un círculo que en el Beato de Lorvao encierra cuatro de los Elegidos en forma de bustos; la tierra está rodeada por cuatro plantas estilizadas colocadas en los puntos cardinales, que simbolizan los árboles. En el Beato de Osma, las figuras de los Elegidos han sido reemplazadas por el signo de la cruz.

          El último estadio de la evolución nos lo proporcionan los manuscritos de la familia IIb en los que el Ángel del Sol está completamente integrado en la miniatura, situándose arriba en el centro, volando hacia abajo. La ilustración es mucho más compleja: la tierra está indicada por un sector rectangular rodeado por el mar, los Elegidos aparecen con sus cuerpos enteros en dos filas y los árboles son menos esquemáticos. La fase de transición, entre la rama I y la II estaría reflejada por una de las miniaturas de estilo románico del Beato de San Millán, que textualmente pertenece al grupo I. El Ángel del Sol aparece incorporado a la imagen, pero esta adicción ha forzado al miniaturista a desplazar a la izquierda al  ángel que ocupaba el ángulo derecho superior, destruyendo el orden simétrico de los cuatro ángeles.  

                                                                   

          Los resultados de su investigación han llevado a P. Klein a concluir que la familia I representa la más antigua versión pictórica de los Beatos. Puesto que los códices que reflejan la fase más antigua de esta versión pertenecen a la segunda edición textual del año 784, ésta es la fecha más probable de la primera redacción pictórica. Es posible también que la primera edición textual no hubiera tenido ninguna ilustración (habiéndose ilustrado su texto más tarde), ya que los dos códices que la transmiten, los Beatos de la Biblioteca Nacional de Madrid y de Saint Sever reflejan, respectivamente, el primero una fase más tardía de la primera redacción pictórica y el segundo una combinación de dos modelos pictóricos diferentes, uno de la fase reciente de la primera redacción pictórica, y el otro un modelo pictórico de la familia II. La fase de transición entre las familias I y II estaría representada por la ilustración románica del Beato de San Millán.  

                                                                                               

          Respecto a la familia II que representa la segunda tradición pictórica, más tardía, se tiene un término post quem para su datación: la influencia islámica típica de esta familia, que se deja sentir también en otros aspectos del arte figurativo hispano desde finales del s. IX. De ahí que esta tradición pictórica pueda datarse probablemente del s. X. El estilo de esta segunda tradición pictórica más óptico y plástico, frente a las formas planas y lineales de la primera tradición pictórica, se explica también por la influencia islámica, a la que se añade también la proporcionada por la tradición del arte carolingio.